Primeras horas del día, 6 AM, otra vez esa
odiosa melodía que por alguna extraña razón coloque como despertado, una
especie de gallo electrónico cacareando como si lo estuviesen matando, definitivamente
debo de cambiarla. Levante las sabanas rápidamente y camine hacia el baño, encontrándome
frente a frente conmigo misma en el espejo, con un pelo enmarañado que aun no
logro definir si es completamente laceo o completamente ondulado, mi piel también
es indefinida, no soy de test blanca, ni tampoco de test morena, cuando pequeña
siempre les decían a mis padres lo linda que era mi piel de un tono dorado, comprenderán
que a los 25 años todo cambia. ¿Relaciones? ¿Noviazgos? Uno o dos, hace ya
años, digamos que soy del tipo no deseable, de las que siempre se enamoraba
pero ningún hombre correspondía, es una triste historia que no quisiera repetir
en mi mente más veces de las que ya la repito al día, ¿conclusión? Soy de las del
tipo no deseables, un poco intelectual si eso le llamas leer con gafas enormes,
que según mi madre hace resaltar mis ojos verde pardo, agarro mi cepillo de
dientes y comienzo a cepillar en círculos muy lentos, pegada en mi terrible imagen,
cuando Philip aparece detrás de mi.
-¡aush! Cariño ¿tuviste una pelea? O ¿te
dieron un poco de lo bueno de la vida?- hablo phil desde el marco de la puerta,
con un pantalón de algodón en las cadera. El y yo nos conocemos desde hace
tiempo, nos fuimos a vivir juntos comenzando la universidad, un día por mi
padre nos encontramos y comenzamos a tener pequeñas conversaciones, ya que era
uno de los chicos que contrata por el verano para trabajar con el con el fin de
juntar dinero para la universidad,
cuando lo conocí me impacto con sus frenillos, pelo colorín y con lunares por
todo su rostro, nunca nos vimos como algo más que amigos. Yo si lo pensé muchas veces incluso le pregunte
en algún momento de nuestra amistad si era gay y el muy imbécil solo comenzó a reírse
por horas, tardo una semana en contestarme que no era gay, pero me señalo de
manera muy seria y poco habitual en él, que a mí no me tocaría jamás, era demasiado
seria y enrollada; y mis lentes no me favorecían, luego dijo que era linda pero
extraña y eso hacía desaparecer cualquier “ímpetu pasional”(si, utilizo esa
frase). Confieso que llore por él, pero
con el tiempo entendí que lo deseaba en mi vida como amigo. Cuando termine la
escuela y él me pidió que viviéramos juntos entre en un completo pánico pero
acepte, porque soy temerosa para vivir sola e ir a la universidad sola, siempre
fui una pueblerina que quería conocer el mundo pero acompañada y que mejor que
con Philip, así llegamos ambos a vivir juntos.
-ni lo uno, ni lo otro cariño. Gracias a
Dios eres mi amigo y me dices con sutileza lo horrible que puedo llegar a ser.-
replique con un largo suspiro dramático.
-Para eso vivo. Para decirte las verdades
con sutileza, no hare tu vida más injusta de lo que es- dijo ya dándome la
espalda y luego caminando hacia la otra habitación, cuando grito- Recuerda a las 11 tienes la entrevista de
trabajo, no llegues tarde y no me dejes mal.
La entrevista. Mi primera entrevista… quisiera
no entrar en pánico pero es algo poco probable, esta es mi primera entrevista
para el campo editorial, tuve otros trabajos, pero este será la primera
entrevista para entrar al ambiente de la edición, lo necesito para mis puntos académicos
y terminar con la tortura que es la universidad. No se cómo vestirme, que decir
y que no decir, mi filtro de palabras nunca funciona y por lo general mi imagen
va acompañada de una enorme timidez, tampoco se mucho de mi quizás futuro jefe,
solo lo básico. Primero, tendría un jefe de 58 años, el señor Blecher, dueño de
innumerables empresas de todo tipo, han abarcado el mundo de las editoriales,
pero además el de las inmobiliarias, mas una gran cantidad de acciones que maneja
la familia Blecher, según Philip debo estar tranquila, no balbucear y no
preocuparme tanto de mi imagen como de mis cualidades y mis grandes calificaciones
y por sobre todo no mostrar mi torpeza natural.
Fui lo más
puntual posible. faltando 5 minutos para las 11, estaba ya en las instalaciones
Blecher, no era un edificio enorme como imagine, sino más bien una pequeña casa
estilo colonial, pero reformada con un
estilo moderno por dentro, sillones y asientos de cuero negro, mesas de vidrio
y paredes blanco invierno, adornado con una serie de cuadros antiguos con algunos
parientes de los Blecher, todos con melenas rubias y ojos claros. Me presente
ante la secretaria pero esta solo dijo que tomara asiento sin mirarme, creo que
la aterrorice y eso que pensaba estar vestida acorde a la situación.
Tres veces se ha parado la modesta secretaria,
ha entrado y salido por una puerta de madera y aun no me mira, con suerte creo
que respira. La mire fijamente por unos dos minutos, hasta que levanto la vista
y exclamo- ¿Jessica Lourence?
-¡sí! yo, aquí-
dije un poco desesperada por levantarme.
- pase, el señor
Blecher la espera- me miro de arriba abajo y luego desvió la mirada.
Camine hasta la puerta,
quise decirle gracias, pero quizás solo estaría demás, entre lo mas derecha
posible y lo primero que vi fue un escritorio de madera y a un hombre canoso y
de ojos azules intensos, sonreí, por que para nada se veía como un hombre de 58
años intimidante y multimillonario, más bien se veía como un adorable hombre de
edad adulta, él de manera muy amable me devolvió la sonrisa y con un gesto de
su mano derecho me señalo que me sentara.
-Muy bien
señorita Laurence, bienvenida, he leído su historial académico y es
sorprendente- dijo mirándome aun con amabilidad
- si… gracias… yo…
esta…- Dios porque era tan amable este hombre, no podía articular palabra mis
manos sudaban y comencé a tartamudear, no quería. No quería arruinar mi primera
entrevista.
-Jess, tranquila,
relájese, estoy maravillado con sus cualidades y creo que sería excelente que
usted trabajara para mi, así que por favor siéntase con confianza- me calmo el
señor Blecher
- gracias- sonreí-
la verdad es mi primera entrevista y no sé muy bien cómo funciona, lo que sí
puedo asegurarle que tratare de dar lo mejor de mí, el mundo editorial es algo
que me maravilla día a día- dije firmemente
- ¡excelente! Eso
es lo que busco señorita Laurence – me dijo con una genuina felicidad.
Todo en la
entrevista iba muy bien, frente a todas las preguntas tenía una buena respuesta
hasta que un estruendo nos saco de la concentración, el señor Bleche suspiro y
me miro fijamente- Desde ya le pido disculpas, usted olvide todo lo que desde
ahora escuche- termino nuevamente sonriendo, quede pasmada, no entendía porque
me decía eso, hasta que de un golpe abrieron la puerta a mis espaldas, me gire rápidamente
y lo primero que vi fueron unos ojos azules intensos, mire nuevamente de arriba
abajo para ver si lo que veía era real, y si lo era, esta vez mis ojos fueron a
su pelo castaño, totalmente revuelto, luego me traslade a su pecho que estaba
agitado, quizás había corrido, pero dudo que con fines deportivos porque
llevaba un traje negro impecable, el hombre que tenía en frente era
completamente, despampanante, su rostro era de un completo enojo pero con rasgos
muy definidos, su mirada se cruzo con la mía para luego soltar un audible
bufido, no lo aterrorice, pero creo que fui totalmente indiferente para él, ya
que su mirada volvió hacia donde el
señor Blecher, podía apreciar como sus puños retenían una gran cantidad de
fuerza y como los músculos de sus brazos se asomaban.
-¿Me puedes decir porque hiciste eso? ¿Hasta
cuando vas a meterte en asuntos que no te corresponden?- su voz, era áspera y
desesperada. Hasta su voz era
despampanante, camino unos tres pasos hacia mi sin mirarme, su mirada seguía fija
en el hombre que estaba unos metros más atrás-
te prohíbo, no. Te exijo que pares- esta vez camino unos pasos más
quedando de pie junto a el escritorio y golpeando ambas manos en el.- Te lo
repito, no te metas más, porque la próxima vez me olvidare que eres mi padre,
me olvidare del respeto y de lo que sea necesario.- me estremecí con su tono amenazante, mire al
señor Blecher pero el parecía tener una cara apacible. Mi auto control no duro
mucho cuando el hombre despampanante y furioso volvió a golpear la mesa,
inevitablemente se me escapo un quejido y él inmediatamente en respuesta se
giro para mirarme, esta vez me miro de arriba abajo- Si yo no me meto con el
horrible gusto que tienes padre, tú no te metas en los míos- señalo sin quitar
los ojos de mi, un comentario despectivo y totalmente hiriente hacia mi
persona, todo lo despampanante que podría ser se desvaneció comenzado a
asomarse pequeñas luces de ira por mis ojos. Él no me conocía, por educación, aunque
lo pensase, no debía referirse asì hacia mí, pero lo que más me sorprendió fue
que le dijese “padre” al señor Blecher, ¿era su hijo?, ¿cómo este hombre podía hablarle
así a su padre? no hay que ser muy inteligente para saber que el señor Blecher
era un hombre muy comprensivo. Idiota, el idiota lindo más grande del mundo.
-Basta Natan, por favor ten un poco de
respeto. Si quieres hablar, hablaremos, deja despedir a la seño…- no pudo terminar
de hablar el señor Blecher cuando el idiota lindo ya estaba hablando.
- el respeto no se lo merece cualquier persona,
y no. No hablare contigo ni ahora, ni nunca, hasta que arregles lo que has
hecho ¿quedo claro?- dijo levantando su dedo índice y esbozando una pequeña
sonrisa que definitivamente ilumino la habitación.
-¡No Nataniel! acá nada está claro- esta
vez el tono del señor Blecher cambio, volviéndose intimidante, una guerra de
titanes se desataría y era el momento de
irme.
Me levante silenciosamente de mi asiento y comencé
a caminar, con la intención de que ninguno de los dos hombres que en aquella habitación
se encontraban se diese cuenta, ya estaba a unos pocos metros de la puerta,
cuando siento que mi brazo izquierdo es atrapado y retenido- ¿donde crees que
vas?- Dios mío, no sé si por la brusquedad o la sensación de electricidad que
le provoco a todo mi cuerpo en ese momento me gire inmediatamente viendo como
una mano envolvía casi todo mi brazo, quede petrificada y mis ojos lentamente
fueron subiendo hasta encontrarse con los ojos azules intensos de Nataniel
Blecher.

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